28. El cobarde ataque de una rata de alcantarilla
Un espeso humo negro se arremolinaba en el aire, tiñendo el cielo matutino de Seattle de un espeluznante gris ceniza. El aire alrededor del bloque de tiendas quemaba la piel, impregnado del acre olor a madera carbonizada, plástico derretido y desesperación.
—¡Suéltenme! ¡Mi mejor amiga está ahí dentro! —gritó Bianca, histérica. Se retorcía con todas sus fuerzas, intentando liberarse del férreo agarre del bombero que la retenía tras el cordón policial amarillo.
—¡Señorita, no puede acercarse! ¡N