18. Un Beso que Rasga el Velo de la Guerra
—¡Demuéstramelo ahora mismo!
La exigencia del Gran Señor Alistair Hartwell quedó suspendida en el aire gélido, resonando contra las paredes de cristal del penthouse como una sentencia de muerte. Sus palabras vibraban con un tono tan despectivo que parecía estar desafiando a dos niños atrapados en una mentira. A su lado, Elena Wenceslas se cruzó de brazos, su sonrisa cínica se ensanchó y sus ojos brillaron con la anticipación de presenciar la caída de Bianca.
El tiempo pareció detenerse. Los pul