17. La primera prueba ante el patriarca
El aire en el salón del penthouse de repente se sintió tan fino como el papel, como si una respiración en falso pudiera desencadenar una explosión mortal. El gigantesco ventanal a espaldas del Gran Señor Alistair Hartwell exhibía las parpadeantes luces de la ciudad de Seattle, pero ni un ápice de la calidez de aquel paisaje lograba penetrar el frío que emanaba del patriarca.
Bianca se quedó petrificada al lado de Daniel. La mano que enlazaba el brazo del hombre estaba helada, pero se aferraba a