156. Una trampa en la Ciudad de la Luz
El aire en el despacho era tan tenso que casi podía cortarse. Bianca contempló la pantalla del teléfono en la mano de su esposo. La invitación de Camilla sobrepasaba cualquier límite de la cordura. Aquella mujer rubia todavía intentaba controlarlos a distancia. El corazón de Bianca comenzó a latir un poco más deprisa.
—Esa desquiciada cree que vamos a meternos directo en su guarida —pronunció Daniel en voz baja. El hombre desactivó el altavoz del teléfono.
—Ella sabe que el veneno era falso —de