122. Una invitación inesperada
El cañón de la pistola plateada brillaba bajo la luz del pasillo. Leon Sterling permanecía de pie, con las manos temblorosas. La respiración del hombre rubio era áspera y agitada. El corazón de Bianca latía a toda velocidad. No tuvo tiempo de esquivarlo en absoluto.
Daniel se movió más rápido que un parpadeo. El hombre tiró de inmediato del cuerpo de Bianca para colocarla detrás de su espalda. El ancho pecho de Daniel se convirtió en un escudo protector absoluto para su esposa y su futuro bebé.