111. El secreto de los dos lobos
El rostro de Beatrice se puso pálido como un fantasma. La boca de la anciana se abrió, pero no emitió sonido alguno. Sus ojos miraron el vientre de Bianca con total incredulidad. Camilla se quedó petrificada en su sitio. Los dedos de la mujer rubia temblaban al sostener el asa de su costoso bolso.
—¿Embarazada? —susurró Camilla con la voz quebrada. Negó lentamente con la cabeza—. Eso es imposible. Apenas lleváis casados un tiempo.
—¿Acaso crees que necesito años para dejar embarazada a mi propi