Con la mirada perdida en la nada, la mente llena de recuerdos y las palabras de aquel hombre que juró volver sólo por ella, Cameron se había sentado en la cama. No había palabras que decir. No había realidad en la que confiar. Y eso preocupaba a Bastián, que miraba por la ventana a dos metros de la cama de Cameron, y a Ace, que no sabía lo que acababa de oír.
—Te busqué, Cameron—, insistió Bastián, volviéndose hacia ella. —Pensé que podrías ser ella, quería asegurarme de lo que veían mis ojos c