Luces radiantes en un cielo que sólo parecía estar hecho para ella en ese día tan importante en el que Cameron se decidió a dejarlo todo, básicamente a la familia Ferrer. Los rayos del sol no podían brillar más para ella, pues era el día más feliz de su vida. Por fin, después de tanto, de haber recorrido ese camino de rosas y espinas, amanecía. Fuertes y claros rayos de luz. Al menos, eso quería pensar Cameron. Tenía que saber que esta vez se casaba porque quería, no porque alguien la obligara.