—Tienes que comer algo —insistió Ace por quinta vez.
Perdida en sus pensamientos, Cameron se limitó a mirarle. La noche anterior había sido una de las más duras de su vida. No había podido dormir. Se había pasado toda la noche llorando, imaginando y rememorando recuerdos que parecían mentira. Su abuelo le había mentido. Su abuelo había negociado con ella como si fuera una especie de objeto, la había obligado a casarse con ese desalmado que nunca se tocó el corazón para humillarla.
—Cameron, Ca