CABARET HASTA EL AMANECER
—¿Qué has dicho? —Camila borró la voz.
Bastián se rió en cuanto notó lo enojada que se puso cuando lo dijo.
—¡Dímelo, gilipollas! ¿Qué dijiste?
—Wooo, relájate, relájate, mi dulce caramelo. Baja la voz si no quieres que la gente me saque de aquí. A ver quién viene con regalos caros para ti después.
Ella miró a su alrededor. Había dos o tres hombres mirándolas, así que decidió tranquilizarse y mantener la calma.
—¿Qué has dicho? —Volvió a preguntar.
Bastián levantó la