Dos horas después, los ojos de Cameron estaban cansados de bailar aquí y allá, de ver a la gente sonreír y hablar entre sí, pero nadie que se acercara a Cameron para preguntarle si necesitaba algo, o al menos para saber cómo se encontraba en ese momento.
Por su parte, Ace no había dejado de observarla desde lejos. El deseo de hablar con ella, o de bailar con ella ardiendo en su interior le hizo volverse incontrolable por un instante. Necesitaba sentir a esa mujer cerca de él como aquella noche