Los cinco minutos que Valentina pidió se convirtieron en doce.
Nadie los interrumpió. Había algo en la calidad del silencio que salía de la cavidad que sugería que lo que ocurría dentro requería el tiempo que requería, y que reducirlo artificialmente sería un error del tipo que no se comete dos veces.
Tamara esperaba apoyada contra la pared del túnel, a mitad de camino entre la cavidad y la superficie, en ese punto donde la temperatura comenzaba a descender y el aire a oler menos a lo que Valent