El amanecer ártico no llegó de golpe.
Se filtró gradualmente, como alguien que ha aprendido que las sorpresas en latitudes extremas tienen consecuencias. Primero un gris suave en el horizonte que se distinguía apenas del negro del cielo. Luego una línea de color que no era exactamente naranja ni exactamente rosa sino algo intermedio que solo existía en este lugar específico del planeta. Finalmente la luz horizontal característica del sol que aquí nunca ascendía lo suficiente para justificar el n