Mundo ficciónIniciar sesiónLa sala de archivos se había convertido en un mausoleo de papel y tinta, donde cada documento era una lápida sin nombre. Gabriel permanecía inclinado sobre la mesa quirúrgica, su rostro iluminado por el resplandor mortecino de su linterna mientras sus dedos trazaban las líneas de texto en una carpeta particularmente gruesa. Mei observaba desde su posición junto a la puerta, su rifle descansando contra su hombro pero nunca completamente relajado.
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