El aire en el centro de la ciudad tiene un peso distinto al de las colinas donde se asienta la mansión Vane. Allí arriba, todo es filtrado, purificado y desinfectado de cualquier rastro de lucha humana. Pero aquí, frente a la puerta de hierro de mi futuro local, el aire sabe a esfuerzo, a óxido y a la lluvia que amenaza con caer sobre el pavimento caliente.
Mis manos están manchadas de polvo y cal tras pasar cuatro horas con el contratista, pero nunca se han sentido tan limpias. He pasado sema