Alexander narra:
El silencio en el ala este de la mansión se ha vuelto un enemigo personal. Antes, este silencio era mi santuario, la prueba irrefutable de que tenía el control absoluto sobre mi entorno. Ahora, es solo el recordatorio de un vacío que tiene el nombre de Emma. Me encuentro de pie en el umbral de su habitación, que no es la nuestra, observando la luz grisácea del amanecer filtrándose por las cortinas. Ella no está. Sé perfectamente dónde está: en ese almacén polvoriento del distri