Cada paso que daba con mis tacones sobre el mármol del pasillo principal resonaba como un martillazo, gritándole a las paredes de diseño minimalista que yo era el elemento discordante en esa sinfonía de orden y frialdad.
Habían pasado tres días desde la cena con Beatrice y los inversores. Tres días en los que Alexander se había convertido en un fantasma que salía antes del amanecer y regresaba cuando la luna ya estaba alta. Tres días en los que Victoria, mi suegra, se había encargado de envi