La mansión Vane tenía una forma muy particular de recordarte que no pertenecías a ella: el eco. Cada vez que mis tacones golpeaban el mármol del pasillo hacia el comedor, el sonido rebotaba en las paredes desnudas de arte abstracto y muebles de diseño minimalista, gritándome que yo era el único elemento "fuera de lugar".
Esa noche, Alexander había organizado una cena íntima. O al menos, lo que él consideraba íntimo: diez personas, todos tiburones del sector inmobiliario y sus esposas, mujeres q