Capítulo 58. La verdad que quema.
El cuerpo de Lena se tensó.
Sus ojos se abrieron como si alguien acabara de arrancarle el aire del pecho.
—¡Eso es mentira! No pudiste divorciarte de mí ¿Cómo… lo hiciste? ¿Cómo pudiste divorciarte si no estaba para firmar? —farfulló—. ¡Eso no es posible! ¡Eso no puede ser legal! Estás tratando de engañarme.
Ares ladeó la cabeza, estudiándola.
—Lamento contradecirte. Se puede, sobre todo cuando tus infidelidades quedaron demostradas con pruebas que guardé y presenté ante el tribunal al igual qu