Capítulo 54. Regresa… porque alguien está ocupando tu lugar.
El reloj marcaba las once de la mañana, cuando Greta salió de la mansión Valerián con el teléfono pegado al pecho, el ceño fruncido y las uñas clavadas en la piel.
Caminaba rápido, como si la rabia la empujara.
—¡Puto Ares Valerián! —escupió Greta, tambaleándose sobre unos tacones de aguja que ya no sentía—. ¿Me cambias por esa... esa copia barata? Juro que te vas a arrepentir… quizás es hora de llamar a la verdadera señora Valerián —siseó, mordiéndose el labio.
Miró el móvil.
Se lo pensó un se