Capítulo 44. Lo sabrás a su debido tiempo.
Cuando Lyanna vio la escena, sintió que la tierra se abría bajo sus pies. El niño, en sus brazos, se agitó, sintiendo la rigidez súbita de su cuerpo.
Desde la puerta, Eleanor esbozó una sonrisa triunfal, sus ojos brillando con una satisfacción malévola.
Había sido testigo de cómo su hijo defendía a esa mujer con una ferocidad que la había herido hasta lo más profundo, pero ahora, la llegada de Greta era el recordatorio perfecto de que Ares no era un santo. Era su jugada maestra.
Pero el triun