Capítulo 43. Que se joda la alfombra.

El regreso al Hawk Tower fue diferente. Ya no había abogados en el vestíbulo, ni madres furiosas, ni exprometidas venenosas. Solo estaba el silencio respetuoso del personal y la sensación de que el aire, por fin, era respirable.

Cuando el ascensor privado se abrió en el penthouse, la luz del atardecer inundaba el apartamento, tiñendo las paredes blancas y estériles de un dorado cálido. La tormenta había pasado, tanto dentro como fuera.

Silas entró primero. No se quitó los zapatos. No fue a serv
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