Capítulo 38. La sombra de la duda.
El amanecer llegó, pero no trajo luz al secreto que ahora consumía a Ares. Acarició la mejilla de Lyanna, dormida a su lado, con una ternura casi reverente. La sábana apenas cubría sus cuerpos desnudos.
La palabra que resonaba en su mente era una condena: Virgen.
No importaba la fama de Lena, no importaba la traición esa no era importante; pero esta mujer, la gemela de Lena, si importaba. Lyanna, era pura. Era suya. Y por ese secreto, él estaba dispuesto a ir a la guerra y enfrentarse a todos.