Capítulo 23. El pecado original.
El avanzó. No con la furia descontrolada del restaurante, sino con una lentitud deliberada que era mil veces más aterradora.
Cada paso que daba resonaba en el silencio, un latido de tambor que anunciaba lo inevitable. Su mirada gris, cargada de una tormenta de deseo y posesividad, la recorría de la cabeza a los pies, quemando donde tocaba.
Lyanna sentía cómo el pánico y una excitación prohibida se enredaban en su vientre. Sus manos, aferradas instintivamente a su pecho, eran su última y débil