Capítulo 22. Entre un pacto y el deseo.
El reloj invisible seguía corriendo. Sesenta segundos.
Lyanna miró primero a Silas. Él era la razón. La libertad. La verdad. La vida que no le exigía mentir, ni pretender ser otra.
Los ojos verdes de Silas le ofrecían un futuro tranquilo, sin cadenas. Ella podía irse con él, encontrar a Lena, demostrar su inocencia y, si la ley lo permitía, luchar por tener contacto con Harry.
Pero luego miró a Ares.
Ares estaba hecho de furia, pero en la profundidad de sus ojos grises, Lyanna no vio solo ira.