Capítulo 24. La revelación silenciosa.
Los dos siguieron caminando por el pasillo del hospital en silencio, con las manos aún entrelazadas. El mundo a su alrededor se movía demasiado de prisa: enfermeras corriendo de un lado a otro. Camillas que iban y venían, pacientes adormilados. Pero para ellos, todo era un eco lejano.
Lo único real era el roce de sus dedos, el peso de lo que casi ocurrió, y el fuego que todavía ardía bajo su piel.
Cuando llegaron a la UCI pediátrica, Ares se detuvo. Su mano seguía sosteniendo la de Lyanna, pero