Capítulo 168. La sombra se disipa.
El trayecto en limusina desde el tribunal hasta la Mansión Valerián fue una burbuja de euforia, pero cuando el coche se detuvo frente a la imponente entrada principal, la realidad volvió a asentarse. Esta vez, sin embargo, era una realidad amable.
Las puertas dobles de la casa se abrieron antes de que ellos pudieran subir los escalones. Eleanor Valerián estaba allí, parada en el umbral.
La matriarca, siempre impecable, hoy se veía visiblemente nerviosa. Llevaba las manos apretadas contra el pec