Capítulo 162. Nadie vuelve a dudarlo.
El cielo sobre la mansión Valerián empezaba a teñirse de un gris pálido, anunciando la llegada inminente del amanecer.
En la sala de estar principal, las luces seguían encendidas, luchando contra la claridad que entraba por los ventanales.
Lyanna no había podido dormir. Estaba sentada en el borde del sofá, envuelta en una manta de cachemira, con una taza de té fría entre las manos que no había probado. Cada vez que escuchaba un ruido afuera, su corazón saltaba.
El sonido de un motor potente ro