Capítulo 163. Estoy lista.
El sol de la mañana entraba a raudales por los ventanales del comedor principal de la Mansión Valerián, bañando la larga mesa de caoba en una luz dorada y clara que contrastaba violentamente con la oscuridad de los archivos que estaban esparcidos sobre ella.
No había desayuno servido, al menos no uno normal. Solo había jarras de café negro, fuerte y humeante, y tres ordenadores portátiles conectados en red.
Steven Anderson, el abogado principal de Ares y uno de los tiburones legales más temidos