Capítulo 14. El mirador.
—¿Sabes? —dijo Eris, relajándose un poco en el asiento y acariciando la tapa de la caja de postre—. Si me vas a secuestrar para venderme por partes en el mercado negro, te aviso que es una mala inversión. Mi hígado ha procesado mucha mantequilla hoy. Probablemente está en huelga. Y mis riñones… bueno, bebo mucho café barato. No sacarás mucho por mí.
Por primera vez en el trayecto, la comisura de los labios de Silas se curvó hacia arriba. Fue un gesto rápido, casi imperceptible, pero Eris lo ca