Capítulo 13. El desvío táctico
El aire nocturno de la ciudad golpeó el rostro de Eris al salir del restaurante L’Obsidienne, un contraste bienvenido después del calor sofocante, tanto literal como metafórico, que había reinado en la mesa número cuatro.
Eris abrazó contra su pecho la caja blanca de la pastelería como si fuera un salvavidas en medio de un naufragio. Dentro iba su trofeo de guerra: una porción generosa de tarta de queso con frutos rojos.
—El coche, señor Hawk —anunció el valet, entregándole las llaves de un dep