Capítulo 115. Se fue, Ares.
En la Torre Valerián, el silencio que reinaba en el despacho de Ares era el de una calma tensa, la quietud que queda después de que la tormenta ha arrancado los árboles viejos de raíz.
Ares estaba de pie frente al inmenso ventanal de cristal, observando la ciudad que se extendía a sus pies como un tablero de ajedrez metálico.
Se había aflojado la corbata y sostenía un vaso de whisky en la mano, aunque el hielo ya se había derretido y apenas había bebido un sorbo.
Había ganado.
Greta estaba fue