Capítulo 110. La verdad envenenada
El viento soplaba frío en la acera frente a la torre Valerián Enterprises, agitando los mechones rubios que se habían escapado del peinado perfecto de Greta.
Estaba parada allí, sosteniendo una caja de cartón ridícula con sus pertenencias personales: una taza de café, un par de fotos enmarcadas y una agenda electrónica, que le había llevado la secretaria actual de Ares.
Los guardias de seguridad, hombres a los que ella había dado órdenes con altivez durante años, ahora la vigilaban desde las p