La luna colgaba alta en el cielo, iluminando con su pálida luz la extensión infinita del océano. El murmullo constante de las olas rompiendo en la orilla se mezclaba con la suave brisa marina que acariciaba las mejillas de Eda, mientras caminaba descalza junto a Christopher. Su mano estaba firmemente entrelazada con la de él, como si no existiera otra cosa en el mundo más que ese momento.
—¿Estás cansada? —preguntó Christopher, deteniéndose para mirarla a los ojos con una mezcla de ternura y pr