La majestuosa catedral en Suiza resplandecía bajo la luz dorada del atardecer, con sus vitrales proyectando destellos de colores sobre los asistentes. Era un día especial, no solo porque Christopher y Eda unirían sus vidas en sagrado matrimonio, sino porque también celebraban el primer cumpleaños de sus mellizos, Ethan y Emma, quienes serían bautizados en la misma ceremonia de sus padres que ahora van a jurar amor eterno ante Dios.
El aire estaba impregnado de una emoción palpable. Familiares y