La madre enarcó una ceja, su pequeño demonio golpeado y todo no perdía su esencia.
— ¿Dime cuando te he mentido?
— Hmm... Nunca, pero no quiero volver a la escuela y ver que esos niños abusadores siguen ahí, si es así mejor cambienme de colegio.
— Tu padre, con la ayuda de tu tío Adriano, y tus abuelos, ah, y con la ayuda de servicios infantiles, enviaron a esos tres estudiantes a un internado especial donde permanecerán encerrados y tratados por psicólogos y psiquiatras, eso para que