Eligeme a mi, no a él.
Los guardias habían echado a la calle a la socialité. Ella estaba furiosa, ni siquiera le habían puesto un coche para llevarla a casa, había sido tan antipática que nadie se ofreció a ayudarla. Ella llamó a un taxi, pero no pensaba dejar las cosas así, ohhhh, pero por supuesto que no.
(...)
Ya en el despacho, el CEO Darkok hizo una señal a su ex mujer para que tomara asiento en el sofá. No quería que permaneciera de pié.
— Santo dios, ¿Ahora pretendes preocuparte por mi? ¡Ha, que irri