Antes de que el cielo comenzara a aclarar, cuando la noche aún protegía secretos y pecados, Theodore Scalyne estaba allí como un vigilante encubierto. El hombre no quería aceoar qué había perdido control absoluto hacia Vega, él había pensado que la mujer iba a rogar amor, pero no fue así.
La Villa del Roble se alzaba imponente detrás de sus muros, silenciosa, elegante, blindada. Luces tenues delineaban los jardines, las cámaras giraban con precisión mecánica, los guardias cumplían turnos que pa