La mañana comenzó con una sensación extraña dentro de Trovatto Group.
No había gritos.
No había discusiones.
No había caos visible.
Y precisamente eso era lo inquietante.
Porque las peores tormentas rara vez anuncian su llegada.
Simplemente aparecen.
Y cuando las personas logran comprender lo que ocurre, ya es demasiado tarde para escapar.
Gabriel Trovatto observaba las pantallas instaladas en la sala principal de reuniones.
Su rostro permanecía rígido.
Tenso.
Las cifras cambiaban constantement