La mansión permanecía sumida en un silencio opresivo.
Uno de esos silencios que nacen después de una discusión capaz de romper años de relaciones familiares.
Gabriel Trovatto atravesó el salón principal con pasos violentos.
Cada músculo de su cuerpo estaba tenso.
Cada respiración parecía cargada de furia.
Las palabras de Luciano seguían resonando dentro de su cabeza.
Una y otra vez.
Como golpes.
Como cuchillas.
Como heridas abiertas.
Judith está muerta por tu culpa.
Aquella frase lo