Alonso Trovatto no levantaba la voz. Nunca. Ese era el verdadero peligro. El despacho presidencial estaba en silencio absoluto cuando el informe llegó a sus manos. Un silencio espeso, casi reverente, como si incluso las paredes supieran que algo estaba a punto de romperse.
— Señor Trovatto, tenemos una noticia que quizás no será muy agradable para usted.
—Empieza —ordenó, sin levantar la mirada.
El abogado principal tragó saliva.
— Su esposa fue acusada Señor.
— ¿Quién fue tan estupi