—Preparen el vehículo. Ahora.
La orden salió baja. Controlada. Pero cargada de una furia tan precisa que no admitía demora.
Alonso no esperó confirmación. Tomó el saco del sofá, lo colocó con movimientos secos sobre sus hombros y salió del despacho sin mirar atrás.
Vega lo siguió hasta la puerta.
—Alonso. Ten cuidado con lo que vas a hacer.
Él se detuvo un segundo. Solo un segundo.
—No me pidas que lo deje pasar. Pero claramente no voy a perder el control.
—No lo haré —respondió ella—. S