El edificio Carrasco Global tenía un diseño moderno, audaz, con líneas de acero y cristal que reflejaban el sol de la tarde como si fueran cuchillas.
Mirian Carrasco entró sin mirar a nadie.
Su paso era firme, preciso, cargado de una energía contenida que hacía que las personas se apartaran apenas al verla pasar. No necesitaba elevar la voz para imponer presencia. La imponía con la mirada.
Acababa de salir de la reunión con Alonso Trovatto.
Y no podía dejar de pensar en él.
Entró a su ofic