El silencio posterior fue insoportable.
La madre de Paola cayó en la silla, sollozando sin control. El padre cerró los ojos, como si quisiera borrar la realidad.
Carlos permaneció inmóvil.
Su mente se negaba a procesarlo.
—No —dijo finalmente, con voz ronca—. No, eso no puede ser.
El médico habló con profesionalismo frío.
—Lamento profundamente la noticia. Pueden verla en unos minutos.
Se retiró.
Y el mundo de los Montero se quebró en mil pedazos.
Carlos respiraba con dificult