La Casa Grande imponía incluso de día.
Sus muros de piedra clara, los ventanales altos, el silencio casi ceremonial de los pasillos… todo hablaba de poder antiguo, de decisiones tomadas mucho antes de que Alonso Trovatto existiera. Sin embargo, aquella mañana, ese poder parecía haberse desplazado.
No estaba en las paredes.
Estaba en el hombre que avanzaba por el corredor principal.
Alonso caminaba con el paso firme, el porte recto, el rostro inexpresivo. Los empleados se apartaban con r