Aurora bajó del auto con paso firme, aunque por dentro sentía el cansancio punzante acumulado de los últimos días. La sesión había sido intensa, pero necesaria. Hablar siempre dejaba heridas abiertas y sangrantes… y también pequeñas luces que cegaban más de lo que guiaban.
Ajustó su traje y cruzó las puertas del canal sin detenerse. Saludó con una leve inclinación de cabeza a quienes la reconocían, pero no se detuvo a conversar. No tenía cabeza para eso; su mente era un hervidero.
Necesitaba con