A unos metros, entre los árboles, alguien los observaba.
No se movía. Apenas respiraba. Pero sus ojos no se apartaban de esa ventana.
Ver como Julián y Aurora, se elegían sin miedo… le resultaba insoportable.
—Maldita sea… —murmuró en voz baja, como si escupiera cada sílaba.
Sus manos se cerraron con fuerza. No era solo rabia. Era algo más profundo, más oscuro. Una necesidad torcida de recuperar algo que, en su mente, nunca debió perder.
Como si aquello le perteneciera.
Un sonido leve, casi imp