El jet privado descendió sobre la pista oculta de Gran Caimán cuando las primeras luces del alba teñían el Caribe de un violeta irreal. El aire húmedo y salino golpeó el rostro de Esteban apenas se abrió la compuerta.
Abajo, una flota de camionetas negras y una ambulancia de última generación esperaban en silencio absoluto. El personal médico, contratado bajo cláusulas de confidencialidad inquebrantables, se movió con precisión quirúrgica para descender la camilla donde Aurora permanecía cautiv