El rugido de los aplausos estalló en cuanto las puertas de la catedral se abrieron de par en par. Afuera, el sol de la tarde bañaba la ciudad, pero adentro, el resplandor de miles de velas y los arreglos de flores blancas creaban una atmósfera de ensueño que envolvía a los cientos de invitados.
La música de la orquesta comenzó a sonar, una melodía dulce y solemne que marcaba el paso de la novia. Nahla avanzaba con una elegancia que quitaba el aliento, aferrada al brazo de su padre, Alejandro Cas