El cañón del arma apuntaba directo al corazón de Nahla, pero ella no dio un paso atrás. Sostuvo la mirada de Mauricio con una furia que desafiaba la muerte misma. A su lado, William respiraba con dificultad, intentando ponerse por delante de su esposa para protegerla con su propio cuerpo maltratado, desafiando las pocas fuerzas que le quedaban en los pulmones.
—Baja ese juguete, Mauricio. ¿No te das cuenta de que esto ya se te salió de las manos? —le retó Nahla, tratando de ganar tiempo mientras